NARRATIVA
Objetivos: Animar a los niños de
primer y segundo ciclo de Educación Primaria, que pueden identificarse con la
protagonista, a desarrollar la creatividad mediante la narración de lo que
imaginan (reflexión metaliteraria infantil). Además, tratar algunas ideas como
la valoración del medio ambiente.
Las estrategias utilizadas son
varias, por un lado la “hipótesis absurda” en la que personajes como una
luciérnaga y una farola se personalizan e interactúan con la niña protagonista.
Por otro lado “la palabra mágica para ser feliz”, en este caso ampliada a “un
cuento para ser feliz” (el de la protagonista)
Clara es una
niña a la que le gusta escribir cuentos, y cree que si cada niño
escribiese lo que piensa, entre todos escribirían muchos cuentos, tantos como
para llenar el mundo, sí, de cuentos.
Así que Clara escribe sus propios
sueños y luego se los regala a sus amigos.
Sus amigos le dicen que lo que escribe
no es verdad, que son cuentos.
Y ella les responde que los cuentos
sólo son ilusiones que se piensan, y que mientras se piensan, se escriben y se
leen; se logra ser feliz, sí, como en los cuentos.
Entonces Clara, durante una noche de
verano en la que sus papás charlaban sobre el color de los garbanzos, ella
comenzó a escribir que se encontraba con una luciérnaga a la que se le había
fundido un foco, pues daba una luz muy débil.
Clara creyó que la luciérnaga era anciana y le
brillaban poco los ojos, y que con tan poca luz no iba a poder escribir, pues
apenas diferenciaba las palabras que escribía en las hojas de su libreta; así
que garabateaba palabra sobre palabra, y en vez de palabras parecían garabatos.
Clara decidió acercarse a una farola
del jardín.
La luciérnaga, que ya se había
interesado por saber lo que la niña estaba escribiendo, apagó la poca luz que
le quedaba y acompañó a Clara hasta aquella farola de color verde, con luz
blanca y de mucha altura; la farola se llamaba Lúcida.
Lúcida las miró con cierta
desconfianza, pues desde que un perrito se le acercó con su patita levantada,
temía que cualquier animalito, incluso niña o niño, se acercase a ella con
raras intenciones.
Lúcida se puso contenta al oír que
Clara se aproximó por aprovechar la gran luminosidad que la farola proyectaba.
Y más creció la alegría de la farola cuando vio que Clara borraba los garabatos
y escribía de nuevo, un fabuloso cuento sobre los hermosos ojos que tenía la
luciérnaga, aunque ahora los tuviera apagados por la intensa luz de la farola,
tanta que luz que Clara debía separarse, de vez en cuando, para mirar a las
estrellas, ya que las estaba comparando con la luminosidad de la luciérnaga.
A la farola, desde su altura, le quedaba muy
lejos la libretita de Clara y tenía dificultad para leer lo que la niña estaba
escribiendo, así que comenzó a doblarse para acercar su mirada.
Clara decidió aproximar la libretita a
Lúcida, para que pudiese leer con facilidad lo que escribía y leyó lo que
sigue:
Hace una noche estupenda, como para
contar las estrellas a la luz de una luciérnaga, y poder ver lo que escribo con
la claridad que me concede una farola.
Lúcida entendió que su potente luz no
permitía que Clara y la luciérnaga pudiesen ver las estrellas en el fondo
oscuro del cielo, así que, queriendo Lúcida ser solidaria y a la vez disfrutar
del espectáculo de las estrellas, apagaba su luz algunas veces.
Cuando Lúcida apagaba su iluminación la
luciérnaga encendía la suya, y así, con luz tan natural, las tres se reían
contando las estrellas.
Luego Lúcida encendía su luminosidad,
La luciérnaga apagaba la suya, y Clara podía escribir su cuento, aquél que
narraba sobre una niña, una farola, una luciérnaga y el brillo de las estrellas.
POESÍA
Objetivos: trabajar la rima y el ritmo con niños de 6-7 años
mediante estrategias de pareados y repetición fonética, como la de las
onomatopeyas
Cuaa
cuaa cuaa
Buenos días, dijo el pato.
Guauu guauu guauuu
Buenos días, dijo el perro.
Y la vaca Ceferina,
agitando su cencerro,
despertaba a las gallinas.
Miau
miau, miauuu
Noooo, no es el gato,
es el loro Bernardino,
que saluda buenos días,
imitando a los gatitos.
TEATRO
Objetivos: Siguiendo la estrategia de la personificación al contrario (los niños “se convierten” en árboles) se trata de recrear una situación de grupos cooperativos que mediante una metáfora (la manzana). A partir de esta situación se pueden plantear otras situaciones habituales entre grupos cooperativos. Se propone para alumnos de primer ciclo de primaria, a los que les encanta escuchar hablar a animales como gusanitos.
Se abre el telón y en el escenario
aparece un bosque.
La obra de teatro comienza con los
cuatro niños que juegan entre los árboles de un bosque, se llaman con nombres
de frutos y cada uno se presenta explicando por qué les gusta llamarse con
nombres tan fruteros: Nuez, Madroño,
Mora y Hayuco.
Nuez: Me llamo Nuez porque cuando juego al escondite me escondo detrás de un
grueso nogal, y al tiempo me alimento con sus nueces. (mientras
enseña un robusto nogal a los colegiales, y con voz repipi)
Madroño: (un niño muy inquieto, finge voz
enérgica, como si fuera un hombre fuerte, y, a la vez que enseña un fruto de
madroño) Me escondo detrás de un madroño porque es un arbusto muy acogedor, ya
que siempre tiene hojas muy verdes, hasta en invierno; y los frutos... Ah...
los frutos... parecen canicas de color anaranjado, ¡y cuando están maduros se
vuelven rojos, y parecen confites!
Mora: Me gusta mucho mi nombre porque
es igual al de la zarzamora (se
echó a reír, se escondió detrás de una zarza, y como si fuese el propio arbusto
el que hablara entre risas), las flores de la zarzamora son muy bonitas y delicadas, y sus frutos,
las moras... Ay... Las moras... Las moras son dulces... ¡Muy dulces...! Ja ja ja. Y me gusta ver a las abejas que
vuelan de flor en flor.
Hayuco: (es el más alto y serio de los
cuatro niños; parece el más responsable del grupo) el hayuco es
el fruto que nos dan las hayas; las hayas son árboles muy frondosos. Sus
troncos a veces son muy gruesos, con formas mágicas y retorcidas que rebosan de
energía; a veces se adornan con musgo, y en sus huecos, que parecen cuevas,
suelen dormir los lirones. Por esto me gusta esconderme tras el tronco y soñar
con bosques encantados.
(Nuez, Madroño, Mora y Hayuco deciden jugar al escondite, y cada uno de
ellos se esconde entre el ramaje y los troncos de los árboles o arbustos que
han elegido por nombre.
Durante la búsqueda de sus compañeros
de juego Nuez descubre a una manzana solitaria que cuelga de un manzano. Nuez
trata de alcanzarla para comérsela, pero la manzana se mueve de sitio, como si
tuviese vida propia.)
Nuez:
¡Se mueve sola! ¡No se deja coger! Y
tengo hambre... me la quiero comer…
Mora:
Madroño... tú que saltas mucho... ¿Puedes alcanzarla?
(Cuando Madroño intenta cogerla, la
manzana se balancea igual que un columpio y se sube más alta. Madroño desiste)
Madroño: Debe ser una manzana pilonga... ¡Igual que las castañas locas! Igual me da un castañazo...
Hayuco: ¡Tengo una
idea!, sube
sobre mis hombros, Mora, y podrás alcanzarla
La
manzana comienza a reírse, y yendo de acá para allá, como péndulo de reloj, les
habla como hablan algunas manzanas.
Manzana: Parad ya de pelearos por mí... ¡Tenemos
que compartirla entre los cinco!
(Nuez, Madroño, Mora y Hayuco se miran interrogativos, pues
se cuentan y recuentan y sólo suman cuatro)
Nuez, Madroño, Mora y Hayuco: uno, dos
tres y cuatro.
Manzana: ¡Yo soy el quinto!. Soy el gusanito que habita en ella, y de vez en
cuando zampo un bocadito. Os dejaré que comáis de ella si la compartimos entre
los cinco.
Hayuco: (logra
alcanzarla) ya es nuestra...
Y una vez que la manzana está con
ellos, se sientan todos y se la comen a mordisquitos por riguroso orden y a
partes iguales entre los cinco. El gusanito también se queda satisfecho, les
concede una sonrisa y se aleja de nuevo, tronco arriba del manzano, en busca de
otra manzana más alta.
Los niños
lo despiden ondeando sus manos. El telón
se cierra.
LIBRO
El libro realizado se basa en el texto narrativo y para su realización he contado con la inestimable y entusiasta ayuda de mi sobrina Elisa, de siete años.

Perfecto.
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